Bodega Las Moradas de San Martín


Publicado el 02 de Octubre de 2018


Bodega Las Moradas de San Martín

Las Moradas de San Martín se encuentra entre cepas centenarias de Garnacha y Albillo Real. Llevan a cabo un proyecto romántico donde, en un guiño a la naturaleza, mantienen la filosofía del entorno extrayendo lo mejor del terreno y plasmándolo tal cual en sus vinos.

Las Moradas de San Martín se encuentra en uno de los pueblos madrileños con mayor tradición vitivinícola de España: San Martín de Valdeiglesias. En esta localidad, según antiguos escritos, en el siglo XII los viñedos era el cultivo mayoritario.

La bodega está a 900 metros de altitud y para acceder a ella hay que subir por una escarpada carretera entre grandes pinares. Un paraje en el que estás deseando encontrar un pequeño espacio para detener el coche y admirar el paisaje.

En la cumbre un camino de tierra nos lleva al Pago de Castillejos, el lugar exacto donde se encuentra la bodega. Una edificación sencilla y funcional que se mimetiza con su entorno natural sin agredir ni restar un ápice el magnetismo que alberga la zona.

Fue construida en un terreno elegido después de probar durante años distintas zonas buscando el equilibrio perfecto de sus suelos.

Con Isabel Galindo, enóloga y alma de esta bodega, y Alejandro Carreras, mano derecha de Isabel, empezamos a recorrer algunos viñedos de las 21 hectáreas que comprende la finca entre cepas de las principales variedades autóctonas de la zona: Garnacha y Albillo Real.

Nuestro paseo comienza disfrutando del entorno que nos rodea en la unión de la Sierra de Guadarrama y la Sierra de Gredos entre cepas muy viejas de Garnacha, la variedad mayoritaria de la bodega, rodeadas de gran cantidad de monte bajo, jara, cantueso y una gran diversidad de plantas aromáticas.

En un terreno totalmente arenoso me voy encontrando cepas de plantación en vaso con gruesos troncos debido a las 80 años de edad media. Parece que estemos en una playa en la que dan ganas de ir descalzo, porque más del 93% es arena fina.

Alejandro me muestra los pequeños racimos con poco grano y muy sueltos que generan estas cepas debido a su edad, el tipo de terreno y el microclima que conforman las dos sierras que los rodean.

Este microclima crea un equilibrio en el viñedo de forma natural donde una plaga neutraliza a otra plaga. Por respeto y reconocimiento a su entorno, sus vinos se elaboran de forma ecológica y biodinámica.

 

 

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